Vaya, parece que en “El Comercio” se acuerdan de nosotros…

Es bien sabido por los restaurantes que el boca a boca de un comensal satisfecho proporciona la mejor publicidad. Así conocí El Chamizu. Unos amigos me encarecieron la visita y, una vez cumplida, el resultado quedó a la altura de las expectativas.

La casina, situada a un costado de la iglesia parroquial de Argüero y en las proximidades de la playa de Merón, ocupa un rincón verde y soleyero con interiores acogedores: barra y mesas se acompasan y un mínimo comedor ocupa la esquina posterior.

¿Las principales virtudes de su oferta? Platos sencillos, ricos, elaborados con cariño y a precio muy prudente.
El entorno mariñán, fértil de huerta, cuadra, pedreru y ola, tiene una presencia esencial en la carta: la chopa a la plancha, vestida de ajada y tratada con el justo calor para promover y respetar sus jugos, sirve de pauta; cualquier pescado fresco y salvaje que la temporada y el día dispongan atesorará similares virtudes.

Aunque los pescados frescos constituyen la parte sustancial, los calamares fritos, los chipirones afogáos y, cuando llega el verano, el salpicón de agulla o el bonito a la plancha amplían las vinculaciones marineras, mientras el pitu caleya, el cachopo y los cortes de vacuno miran tierra adentro.

Las entradas y los platos de cuchara reciben cuidados propios de aldea, comenzando por originales ensaladas templadas –la «tierra y mar» distribuye pimientos, gambas, ventrisca de bonito y espárragos trigueros sobre un lecho de patatas panaderas y cebolla pochada– y continuando con sopa de marisco, torto de maíz con picadillo, fabada, repollo relleno… O con revueltos esponjosos de moja pan.

Dos sabrosas tortillas merecen mención aparte: la de merluza, una creación netamente asturiana que despertó admiraciones nacionales en los años cincuenta y sesenta, y la de pulpo, especialidad con antigüedad y renombre.

Aclaremos que Mari Paz y José Emilio, ella trabajadora en hostelerías y cocinas ajenas desde muy joven, él proveniente del sector del metal hasta apostar por un cambio de vida y de trabajo, reabrieron, recogieron y mantienen una larga y aún recordada historia.

El Chamizu lo fundaron en 1916 Esperanza Álvarez y Celso Sánchez. Llegados los años cuarenta, pasó a su hija Guillermina Sánchez, guisandera de fama que mereció justas atenciones de gastrónomos y medios de comunicación. Al fallecer en 1984, los herederos decidieron cerrar el establecimiento por falta de continuidad: «Resultaba difícil ser astilla de aquel árbol», señalan.

Pero hete aquí que, tras dieciséis años de cierre, dos descendientes de otra rama familiar de los fundadores han recuperado plenamente el dignísimo pasado.

Doña Guillermina se sentiría orgullosa.

Pues muchas gracias y ya sabéis donde comer cuando estéis por aquí ;D

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Chami on mayo 12th, 2008 | Clasificado en El Chamizu | Sin comentarios -